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lunes, 15 de julio de 2019

MARIA ÁNGELES LARA CONSUEGRA: CAMBIEMOS EL CAMBIO


MI VISIÓN POÉTICA DEL CAMBIO CLIMÁTICO

OSO POLAR
Blanco soy, mas ahora negro por dentro,
cual oscura soledad y tristeza,
que hasta la más mínima pureza
destrozaste sin miramiento.

Pensabais en vosotros,
sin mirarnos a nosotros,
pensando en vuestro beneficio,
ignorando nuestra pérdida.

Tristes los ojos que miran,
puro el corazón que ayuda,
negra el alma de quien jura
y no cumple su palabra.

No, no quiero,
no quiero acabarme,
a terminarme rehúso.
Pero unamos nuestras manos,
nuestras manos juntemos
para acabar con todo 
y ayudar a que no se derrita el polo.

JUVENTUD
Dime, gobernante,
¿eres capaz de luchar contra un león y salir triunfante?
Si la respuesta es no,
¿por qué he de dejar mi vida en tus manos?

Dígame, mi rey,
¿incumplió usted alguna vez la ley?
Si la respuesta es no,
mire a su alrededor.

No queremos esperanza,
no queremos compasión,
sino que al cambio climático,
le den una solución.

Los adultos solo pensáis 
en lo que al dinero respecta,
ignorando el hogar
y las posibles consecuencias.
Consecuencias que ya están aquí 
y, cuando estáis a punto de ahogaros 
y os dais cuenta de que el dinero no puede ayudaros esta vez,
cerráis la boca, intentando retrasar lo inevitable.

Y seremos nosotros los que pagaremos
las consecuencias de vuestros actos,
sin haber podido elegir nuestra vida,
sin poder hacernos una idea de qué hubiera sido de nosotros
Si hubierais parado esto antes.

Pero abramos los brazos,
sintámonos mejor,
que nosotros no os guardaremos rencor
si aún estáis dispuestos a ayudar.

Solo quería vivir en paz y pasó, no sé,
tal vez, nací para esto.
Tal vez nací para vivir las desventajas de vuestro día a día.
No yo, sino toda la biosfera y el biotopo
sufren día a día las consecuencias de vuestra pereza.
Los adultos que llenáis vuestros bolsillos con el sufrimiento de otros
solo os preocupáis de llenarlos más aún,
aunque os estéis ahogando cada vez más,
aunque para ello deba acabarse el planeta.

PLANETA
Os criasteis dentro de mí,
gracias a mí,
aunque no os pareció suficiente.

Nunca me quejé,
y hogar y recursos siempre os presté.
Os he ayudado
y como juguete me habéis tratado.
Me siento usada, decepcionada,
sin fuerzas para continuar,
aunque eso a vosotros os da igual.






jueves, 4 de julio de 2019

LUCIANA MOLINA GREGOLI: ÁLEX Y LEVI



        
 Pleno siglo XXI, más concretamente 2019, y, como todas las noches, Alejandro estaba esperando a que su madre le pusiera la cena. Alex es un niño de 15 años, no muy alto, con un pelo castaño bastante bien cuidado y unos ojos negros intensos, y, como todos los chavales de su generación, está muy desentendido de lo que es cuidar el planeta.
         Como aún faltaba para la cena, su madre le mandó que fuera a tirar la basura. Se enfadó porque perdió la partida que estaba jugando en la Play y, tras varios refunfuños, se puso las pantuflas, cogió la basura y bajó a la calle. Cuando estaba acercándose al contenedor, pudo divisar un destello debajo de este. La oscuridad invadió su cuerpo y, tras encestar la bolsa de basura en el cubo como si fuera un jugador profesional de la NBA, se agachó para ver aquella luz.
         Era una esfera luminosa y en su interior se podía apreciar que había algo, pero era difícil descifrar qué. Parecía que esa bolsa se podría abrir y Alex quiso intentarlo. Al presionarla, se abrió y absorbió a Alex en su interior. El muchacho quedó inconsciente, por lo que, cuando abrió los ojos, se sorprendió al no saber dónde se hallaba. Desorientado, miró a su alrededor, empezó a caminar con miedo, porque allí no había nadie y eso no lo tranquilizaba. Pocos pasos después, escuchó ruidos y buscó con la mirada su procedencia.  Al parecer, venían de unas bolsas de basura que había tiradas en la esquina de lo que podría ser la calle principal de una avenida. No entendía muy bien lo que estaba viendo: ante sus ojos una persona diminuta con alas estaba luchando por liberarse de una red que en otro momento estuvo ocupada por naranjas. Pensó que su mente tenía mucha imaginación para meterlo en aquellos sueños y, con mucho cuidado, trató de ayudar al hada. Esta, cuando consiguió ser liberada, salió volando lejos de aquella basura esperando que el chico la siguiera. Y así fue. Cuando llegaron a un parque más limpio, el silfo le dio las gracias por la gran hazaña que realizó segundos antes.
         El silfo, que se presentó como Levi, es el silfo de la naturaleza y por eso la ama. Es pensativo, nostálgico, diligente y un poco inseguro. Posee un rápido ingenio y toneladas de encanto, es uno de los más elegantes y de muy buenos modales. Si a la naturaleza le “duele” algo, él absorbe el dolor. Tuvo que sentarse un momento, pues las condiciones del planeta lo dejaban sin energía y tenía que descansar con frecuencia.
         Hechas las presentaciones, a Levi le costó hacer creer a Alex sobre el sitio donde se encontraba y qué había pasado…Era su ciudad en el futuro. El mundo estaba siendo destruido, ni más ni menos, por el ser humano. Las personas cada vez tenían menos conciencia sobre el cuidado del planeta y es por eso que habían llegado a esa situación en la que el aire que se respiraba estaba contaminado por todo tipo de gases tóxicos de fábricas, los animales del mar nadaban entre plásticos, los árboles estaban mustios y los pájaros no tenían dónde descansar de su vuelo e inundar la flora de su canto; los animales terrestres también se encontraban sin fuerza y las mamás no eran capaces de cuidar de sus crías y, por ello, algunas especies estaban al borde de la extinción. La mayoría de los días estaban teñidos de gris porque al Sol le costaba hacer su aparición y las flores, por su ausencia, no sacaban sus pétalos a relucir, las abejas no las podían polinizar y, debido a ello, las abejas acabaron por extinguirse. Cada catástrofe desencadenaba una peor, los recursos naturales estaban por terminarse, al planeta no le quedaba mucho tiempo y Levi necesitaba la ayuda de Alex para cambiar eso.
         De acuerdo, os preguntaréis… ¿Cómo podría cambiar eso un niño de 15 años solo?  Muy  fácil, con las influencias. Levi sabía que Alex tenía muchos amigos y compañeros de clase que no reciclaban y no ayudaban a cuidar el mundo y por ello lo eligió. Levi estaba dispuesto a enseñarle partes del mundo que estaban peores que su ciudad y también le enseñaría cómo ayudar a cambiar todo eso.
         El primer lugar a donde se dirigían era a China, país con más población y más contaminación del mundo. Al llegar allí con un chasquido de dedos por parte de Levi, Alex empezó a mirar hacia todos lados desconcertado, porque no le dio tiempo a preguntar a dónde iban cuando el silfo hizo ese pequeño movimiento. Iban caminando por las calles de Pekín, cuando empezó a ver a unas pocas personas saliendo de un edificio que parecía abandonado. Por un momento quiso acercarse a preguntarles cómo es que había sucedido todo esto, pero una pequeña mano tiró de su camiseta e hizo que se girara para encontrarse con Levi, negando lentamente como si hubiera leído su mente. De un momento a otro, Levi empezó a caer al suelo alertando a Alex, que, en un rápido movimiento, puso su mano debajo de él dejando que se sentara en su mano para descansar. Al parecer, como Levi le dijo a Alex, las teletransportaciones también gastan una mayor energía, pero descansando podría recuperar al menos la mitad de esta. Después de que Levi descansara, visitaron otros países, entre ellos los que lideraban las listas de alto riesgo de contaminación, como Estados Unidos, India, Rusia y Japón. Cuando llegaron a la última ciudad, Tokio, Levi ya no tenía energía. Alex se percató de esto y varias lágrimas desbordaron de sus ojos por la impotencia que le daba ver a morir a aquel silfo entre sus manos. Levi, con la última poca de energía que pudo reunir, chasqueó los dedos, se convirtió en un pequeño árbol dentro de una bola de cristal, siendo eso lo último que vio Alex antes de regresar a casa.
         Alex, al despertar por la mañana, pensó que todo había sido un sueño. Un poco más consciente abrió su mano y vio la bola de cristal con el árbol dentro. Sabía que ese era el símbolo que el silfo había dejado cuando había muerto, sin embargo, recordó cada palabra que Levi le había dicho y, lo más importante, la manera de cuidar el planeta. Era sábado, por lo que Alex no tenía que ir al instituto y aprovechó esa tarde y parte del domingo para hacer el trabajo que su profesor de biología le había mandado. Estaba tan entusiasmado con el trabajo que estaba realizando, que no veía la hora de llegar y presentarlo.
         Llegado al fin el día que Alex tanto había esperado, fue a su clase sonriente, entró en su aula y se sentó en su asiento correspondiente y así se dispuso a esperar a segunda hora para, por fin, hablar del cambio climático. El entusiasmo que sentía no le quitaba los nervios de hablar delante de toda su clase. No obstante, ahí estaba esperando a ser llamado para hablar de un tema muy importante para él. Llegó su momento, fue nombrado y tuvo que salir al frente. En sus manos llevaba una cartulina donde se podían leer algunos consejos para cuidar el planeta. Empezó a hablar y, a medida que iba explicando aquello, su corazón se calmó, lo que le ayudó también pensar en Levi, que seguro que allá donde estuviera se sentíría orgulloso de Alex, pues el chico estaba poniendo todo de su parte.
         “Si todos hacemos nuestra parte, podemos beneficiarnos a nosotros mismos y a este gran planeta en el que tenemos la suerte de vivir…”
         Al final de su explicación comenzó a contar alguno de los métodos para ello como:
“La regla de las tres R’s: reducir, reusar y reciclar, que permite disminuir la cantidad de basura que se genera y mejorar sus procesos de manejo".
         Cuidar el agua y apagar la luz: para disponer de agua fresca y de electricidad, es necesario gastar energía. Con simples medidas como apagar las luces que no se ocupan, reparar filtraciones, aprovechar al máximo la luz natural o aislar apropiadamente tu hogar, puedes disminuir considerablemente el consumo de energía.
         Plantar árboles: los árboles producen oxígeno, previenen la erosión de los suelos, controlan las inundaciones y también sirven de refugio para algunos animales silvestres. Si plantas alguno, harás del planeta un lugar mejor.
         Proteger fuentes de agua locales: si cerca de tu hogar hay un río, lago o incluso el mar, no lances basura en ellos. Tampoco botes desechos como pintura, aceite o productos químicos directamente a la tierra, porque puedes contaminar napas subterráneas.
         Conducir menos, caminar más: si necesitas usar un vehículo para llegar a un lugar, usa el transporte público o comparte coche con tu vecino o amigos. Y si tu escuela no está tan alejada de tu hogar, puedes levantarte un poco más temprano e irte caminando o en bicicleta.
         Comprar productos que sean eficientes en términos energéticos: existen una serie de electrodomésticos y aparatos que consumen poca energía y, a la vez, entregan un servicio de calidad.
         Adquirir productos elaborados localmente: esto te permitirá reducir tu huella de carbono, ya que podrás utilizar menos plásticos, contribuir al menor gasto de combustible por traslado de productos y usar menos material de empaque, entre otras cosas.
         No tirar basura: aunque parece algo obvio, muchas personas que van por la calle o en sus coches tiran papeles, bolsas, chicles, colillas de cigarrillo o cualquier cosa que consideren basura, sin tener en cuenta que su actuar tiene un gran impacto en el medio ambiente. Si tú lo haces y quieres ayudar, debes cambiar este hábito.”
         El profesor quedó tan asombrado con el trabajo del chico que, al terminar la clase, fue a contárselo a los demás profesores. Habían decidido tomar el trabajo de Alex para convertirlo en un proyecto para el instituto. Claramente, primero se lo comunicaron a él, que, al escucharlo, no se lo podía creer. Tal vez no pudo salvar a Levi, pero sí se aseguraría de que ningún silfo o hada de la naturaleza muriera si él podía evitarlo.




viernes, 7 de junio de 2019

PROYECTO ReencontrARTE: MARIANNE VON WEREFKIN


Proyecto ReencontrARTE: este proyecto, propuesto por la Red de Bibliotecas Escolares de nuestra provincia, nació con la intención de dar visibilidad, desde las bibliotecas escolares, a algunas mujeres artistas que han sido poco valoradas. En nuestro centro hemos trabajado a Marianne von Werefkin, que ha sido todo un descubrimiento para nosotros y a la que admiramos profundamente. En este video podemos conocerla mejor, saber cómo la ha visto el alumnado y contemplar el producto final: nuestro proyecto ha quedado plasmado en un paraguas, como soporte artístico de la vida y la obra de Marianne von Werefkin.




miércoles, 27 de febrero de 2019

NUESTRAS RESEÑAS. LUCÍA PÉREZ FERNÁNDEZ: "NO QUIERO SER TONTA"




María es una chica como otra cualquiera: tiene buenos amigos, su progreso académico es de lo más sobresaliente y en su casa se respira paz y armonía. Pero, de la nada, un día cualquiera, le ocurre algo que la obligará a dejar atrás la vida que durante tanto tiempo había forjado en Madrid y así comenzar de nuevo en otra ciudad haciendo "borrón y cuenta nueva".

María odia con todas sus fuerzas tener que despedirse de sus amigos, especialmente de Daniel, el único chico que le hizo experimentar las famosas "mariposas en el estómago". Cuando llega a su destino, comienza a escribir un diario, que le ayudará a construir una nueva vida.

El tercer día de clase, María comienza a hacer amigos en el instituto. Su madre, por otro lado, ya le había concertado una cita con algunas chicas, Julia y Marta, que estaban dispuestas a ser amigas de la recién llegada. Pensó que sería buena idea buscar alguna amiga para su hija lo antes posible.

Pero María prefiere elegir a sus amistades, porque no quiere seguir la opinión de la mayoría ni que decidan por ella. Así, forma una pandilla con Luis, Nono y Julia. Con ellos experimentará nuevas cosas, algunas maravillosas y otras no tanto. Pero todas ellas les sirven para aprender a hacerse más fuertes, para que su destino dependa, en la medida de lo posible, de sus propias decisiones.

LUCÍA PÉREZ FERNÁNDEZ 4º DE E.S.O. B

COLLAGE LITERARIO: "NO QUIERO SER TONTA"

Mª Ángeles Lara Consuegra, alumna de 2º de E.S.O., ha realizado un collage literario sobre el libro "No quiero ser tonta" de Francisco Mena.



jueves, 24 de enero de 2019

PILAR RAYA: UNA NOCHE EN LA BIBLIOTECA


Unos niños que se llamaban Ciro y Pablo tenían que prepararse un examen y quedaron una tarde para estudiar en la biblioteca más antigua que había en su barrio.

La biblioteca estaba rota por todos lados: las ventanas, las puertas, las escaleras, los libros. Decían que casi nadie iba a la biblioteca. Normalmente estaba allí la mujer que vigilaba y también la que ordenaba los libros. También había un señor mayor, alto y con gafas, que miraba los libros que cogían.

Cuando terminaron de estudiar, fueron a coger algún libro, pero Pablo se metió por un pasillo muy extraño. Algunos libros no tenían nada escrito. Las estanterías tenían pintura por todos lados y todo estaba lleno de telarañas. Pablo llamó a voces a Ciro y el señor que vigilaba fue corriendo para ver dónde estaban. Cuando los encontró, les dijo enfadado: "fuera de aquí, que ya vamos a cerrar la biblioteca". Pablo y Ciro salieron, pero no estaban convencidos, así que se quedaron esperando en un callejón a que cerraran y saliera de allí el hombre.

Después de dos eternas horas, todos se fueron de la biblioteca. Pablo y Ciro no sabían muy bien cómo entrar y vieron una puerta en ese mismo callejón. Le dieron unas patadas hasta que la abrieron y entraron rápido, antes de que los vieran, porque escucharon unas voces cerca. Dentro de la biblioteca, todo estaba demasiado oscuro, no se veía nada. Tuvieron que estar un buen rato buscando a tientas un interruptor de la luz. Ciro lo encontró, lo pulsó y toda la sala se iluminó.

Cuando tuvieron luz, fueron en busca de ese extraño pasillo. Pero, cuando lo estaban buscando, notaron algo raro en la biblioteca. Todos los libros estaban casi fuera de las estanterías y se escuchaban ruidos de una parte de la pared. Pablo notó que estaba hueca y Ciro dijo: "a lo mejor esos libros que están vacíos abren la pared". Pablo dijo que no podía ser: "tiene que ser un libro que esté cerca".

Empezaron a toquetear todos los libros y uno de ellos abrió la pared. Pero había que poner una contraseña, porque encontraron unos números que se podían mover. Pablo pensó que la contraseña tenía que estar en alguno de los libros, así que se pusieron a buscar. Después de unas largas horas, no encontraron nada. Pero Ciro y Pablo se dieron cuenta de que cada vez que se caía algún libro se volvía a colocar solo en la estantería. Eso les pareció muy extraño y pensaron: "¿por qué no tiramos todos los libros y el que no se coloque solo puede ser el que tenga la contraseña?"

Bueno, eso hicieron y tenían razón, porque tiraron un libro demasiado gordo y pesado y no se levantó ni un centímetro. Ellos cogieron el libro y empezaron a buscar. Encontraron un papel metido entre las páginas, lo desdoblaron y vieron unos números que encajaban con la contraseña que tenían que poner. Los pusieron y se abrió y, entonces, todo empezó a temblar como si fuera un terremoto. Detrás de aquella pared había...¡Personajes de los libros! Estaban en una fiesta que ellos habían montado. Cuando se dieron cuenta de que estábamos allí, se asustaron mucho.

Ciro y Pablo les dijeron: "no tengáis miedo de nosotros, no os vamos a hacer nada". Un hada muy pequeñita les dijo: "¿De verdad que no nos vais a hacer nada?" Entonces, todos los personajes les dijeron: "No podéis decir nada a nadie". Ciro les preguntó: ¿Y lo sabe un señor mayor, alto y con gafas?" Los personajes dijeron: "Sí, ese señor fue quien nos creó."

Cuando ya se hizo demasiado tarde, Ciro y Pablo se fueron a sus casas y, desde entonces, se iban todas las noches a la biblioteca.



PILAR RAYA MUÑOZ 1º DE E.S.O. A

domingo, 20 de enero de 2019

LUCÍA PÉREZ: UNA NOCHE EN LA BIBLIOTECA


Un día feo y lluvioso tenía que ir al instituto. Cuando salgo de mi casa andando me suele acompañar mi amigo. Llegamos y lo primero que hicimos fue irnos directamente a la cafetería. Su aspecto era feo y sucio. Nos pedimos tostadas de tomate y dos zumos de naranja. Terminamos de desayunar y sonó la campana para comenzar la primera clase.

Al fin terminamos todas las clases. Luego solemos irnos a la biblioteca a estudiar y a leer libros de misterio. Al día siguiente teníamos un examen de Historia y había que estudiar muchísimo. Cuando terminamos de estudiar, empezamos a leer libros. Uno de ellos era muy interesante, porque trataba sobre unas chicas que se quedaban una noche entera en un cementerio en el día de Halloween y, entonces, se me ocurrió una idea. Expliqué a mi compañero lo que se me había ocurrido: nosotros íbamos a pasar esa misma noche en la biblioteca. Él me respondió: ¿cómo le piensas explicar a tu madre que te vas a quedar una noche aquí? Después de pensar un rato, se me ocurrió algo y llamé a mi madre. Le dije que me quedaba con mi amigo a dormir porque teníamos un examen muy difícil de estudiar.

Eran sobre las nueve y ya había amanecido. Cuando pasó media hora, una mujer entró en la biblioteca para vigilar si había alguien. Nosotros fuimos listos y nos escondimos. Habían pasado muchos minutos y la mujer seguía todavía allí. Más tarde oímos cómo se cerraba la puerta con llave. Cuando salimos de ese pequeño cajón, empezamos a registrarlo todo.

Pasaron las horas y nos aburríamos mucho. Pero, de repente, mi amigo desapareció. Me puse nervioso porque no lo encontraba. Al registrarlo todo, encontré unos libros con unos pequeños candados muy brillantes. Me despertaba mucha curiosidad saber qué podía haber dentro de ellos. Lo puse todo "patas arriba". Me cansé de buscar y me di cuenta de que, enfrente de donde estaba yo sentado, había una pequeña llave con forma irregular.

Cogí la llave y empecé a probar candado por candado. Al fin encontré el candado correcto. Cuando abrí el libro, me di cuenta de que estaba muy bien cuidado y me pregunté por qué estaría en una estantería de madera tan sucia. Empecé a leerlo: era de suspense y de miedo. Lo dejé abierto.

Estaba todo el rato pensando dónde podía estar mi amigo. Era muy tarde y estaba cansado. Al final, me dormí.

Después de mucho rato, me volví a despertar y vi cómo los personajes salían del libro. Me quedé con cara de asustado. Me levanté de la mesa en la que había dormido, me acerqué a los personajes y les pregunté: ¿Cómo os habéis salido de los libros? Pero no me respondieron. Giré la cabeza y allí estaba mi amigo. Me acerqué a él y fui a abrazarlo. En ese momento, él me dijo: ¿Quién ha abierto el libro? Yo le respondí. Él me explicó que había que encontrar la llave para poder abrir el libro y meter dentro a los personajes antes de que empezara la primera hora de clase. Cuando nos quisimos dar cuenta, los personajes eran muy grandes y lo destrozaron todo. Después de un rato, conseguimos meter dentro a los personajes y pudimos cerrar el libro.

Empezaba la primera clase. Nos escondimos para que la profesora no nos viera al abrir la biblioteca. Cuando la abrió, nos fuimos corriendo. Llegó la tercera hora y teníamos el examen de Historia. Me di cuenta de que no habíamos estudiado nada, pero fue una noche inolvidable.



LUCÍA PÉREZ PIEDRA. 1º DE E.S.O. A

viernes, 14 de diciembre de 2018

UNA NOCHE EN LA BIBLIOTECA


Era un viernes cualquiera de instituto. Ese día habían mandado más deberes y necesitaba un sitio tranquilo para hacerlos; y, de paso, me daba una vuelta y me compraba unas chuches. Cuando salí del instituto, comí rápido y preparé las cosas. Luego me senté un poco, porque, si me bajaba ya, la biblioteca no estaría abierta.

Hacía un día muy oscuro; parecía que fuese a llover. Era un día de estos raros. A las cuatro y media salí de casa.

Cuando llegué a la biblioteca, aún estaba cerrada. Había tardado solo quince minutos en bajar y aún quedaba un cuarto de hora para que abriera. Mientras tanto, me fui a dar una vuelta a un parque cercano y vi un callejón que me llamó la atención sobremanera.

Iba a empezar a llover dentro de poco, se acercaban nubes por el cielo.

Me adentré en el callejón con sigilo. Giré una pequeña esquina y di de frente con un edificio muy grande, al parecer abandonado.

Sonó un rayo en el cielo que hizo que me asustara.

Al mirar el edificio, vi que había una luz encendida. Algo me decía que no entrara, pero mi curiosidad me hizo cruzar el umbral del edificio. Cogí una linterna que siempre llevaba en mi mochila en un pequeño llavero. Al encender la linterna y hacerse la luz, vi distintos caminos, cuatro en total. Como empujada por una fuerza, mis piernas empezaron a recorrer el primer camino de la izquierda. Al fondo del pasaje había una sala muy peculiar.

Era un espacio lleno de espejos. Lo curioso es que estaban limpios, sin nada de polvo. Anduve un rato entre los espejos, mirando mi reflejo en un lado y en otro. Llegué a un punto en que los espejos parecían ocuparlo todo. Era como un laberinto. Intenté salir, pero no había manera. Me detuve agobiada, pensando qué podía hacer. Me imaginé que estaba soñando y que podía cambiar la realidad. Cuando abrí los ojos, me encontraba en una biblioteca.

Era enorme y tenía seis puertas grandes que representaban algo. La luz estaba encendida. Cogí un libro para ojearlo que se titulaba "Las mareas del sueño", me senté en una mesa y dejé la mochila. Cuando abrí el libro, me quedé dormida.

¿Qué pasa? ¿Dónde estoy?

Cuando abro los ojos veo la misma biblioteca de antes. Pero ahora las puertas están abiertas y se oye ruido. Creo que voy a entrar en una de ellas. Decido entrar en la que tiene una luna y un sol dibujados.

Lo primero que veo es que hay cielo, un cielo azul y radiante, y estoy en un campo. ¡Increíble! ¡Están todos los personajes de los mejores libros de fantasía del mundo! Hay dragones por el cielo, ciempiés y orugas de colores gigantes por el suelo. .. Al fondo hay un mar y se divisan sirenas. Hay casas en las nubes y todo lo que uno pueda imaginar.

De pronto oigo que la puerta se cierra a mis espaldas y es en ese mismo instante cuando oigo a alguien que me habla. Lo oigo, pero no lo veo. Noto un ligero tacto en la pierna, acompañado de la voz que llama y, cuando giro la cabeza y me agacho, veo un duendecito llamándome en una flor rosa muy alegre. Pienso que no me gustan los duendecitos, me dan miedo. Y, cuando pienso eso, el duende se transforma en una hermosa hada.

- Soy lo que tú quieres que sea- habla el hada leyéndome los pensamientos.

- Eh...

- Ahora mismo no te ven; solo te veo yo, que soy lo primero que has podido cambiar. Este mundo está hecho de materia, sí, pero de la imaginaria. La puedes tocar y vez, a la vez que puedes modificarlo cuando quieras, pero solo se cambiará la parte positiva de tu cerebro. Ahora vayamos a ver al único ser que hace que esto sea posible, un humano, como tú, aliado de los dioses mágicos de esta biblioteca.

- De acuerdo, sí, claro, por qué no, total ya.... Creo que me he vuelto loca.

El hada me guió hacia un castillo que se veía al fondo del gran espacio blanco que, efectivamente, se iba dibujando a medida que yo pasaba por su camino. En ese momento no me acordé de los deberes ni de la hora a la que debía volver a casa; estaba alucinada.

Después de un rato andando, llegamos al castillo, enorme y con muchas piedras, que iban cambiando de forma con el agua que ascendía del suelo. Increíble. Al entrar a palacio, lo primero que vi fue un libro gigante, con el título en la portada: "La balada de los sueños." Luego había unas escaleras de caracol a la izquierda y unos cuadros con lo más famoso de la literatura fantástica a la derecha. Las paredes eran de color azul pastel.

Ascendimos hacia la planta de arriba.

- ¡SEÑOR REYY! ¡TRAIGO A LA ELEGIDA!-¿...?

- Un momento, Philip.

- Pero si eres un hada, ¿cómo es que te llamas Philip?

- Tú me cambiaste de forma, yo solo soy un simple centauro.

- ¿A quién decías que traías?- Se acerca a nosotros un hombre mayor con el pelo canoso, ojos azul profundo y cara de sabio que, al mirarme, se contesta solo.- ¡Vaya, Dios mío, si eres tú! Ven conmigo.- Da un chasquido y, de repente, nos encontramos de nuevo en la biblioteca, y es ahora cuando me doy cuenta de que he de volver a casa.

- ¡Oiga, señor, muy bonito todo, pero tengo que irme a casa, no vaya a ser que a mi madre le dé un ataque!

- Puff.. ¡Qué va! Si llevas aquí solo media luna. Además, no puedes salir hasta que no pase la luna entera y si cumples tu misión.

- ¿Perdona?

- Verás, tu aquí has venido por curiosidad, ¿no? Pues has sido la única en llegar hasta aquí, por el simple hecho de que esto no existe.

- ¿Cómo que no existe?¿Nada de esto es real?

- Sí, sí que lo es, pero solo para ti y para aquel que despierte del mundo del estrés y de los enamoramientos y deje fluir su curiosidad e imaginación. El tiempo que pasa aquí pasa a la vez en tu planeta, pero allí estás, ahora mismo, borrada del mapa. Y eres nueva en este mapa. Bienvenida a Leica Sua, el planeta de la imaginación e historia de lo escrito.

- Guau...OK, pero, ¿por qué estoy aquí? ¿Cuál es "mi misión"?

- Dormir. Pasar una noche en esta biblioteca. Subirte a aquel autobús de allí, dejar que te inyecten una aguja del pensamiento y, luego, automáticamente, volverás a tu casa. - Las últimas palabras se oyen en forma de eco y, cuando asimilo todo lo que me ha dicho, ya ha desaparecido.

Hago caso y me monto en el autobús que acaba de romper estrepitosamente la pared y que va cargado de gente como yo, a los que saludo, pero que parecen no verme. Entonces el maestro se equivocaba, no soy la única. Algunos se bajan del autobús. Unos con cara de asustados y con una etiqueta en la espalda: MIEDO. Otros risueños con otra etiqueta: HUMOR. Digo yo que serán sus secciones.

Subo al autobús y me ponen a mí una de esas etiquetas: FANTASÍA.

Entonces me inyectan algo con una aguja y me dan un algodoncillo, tal como había dicho el sabio. Tomo asiento y el conductor me da un casco dorado. Me lo pongo y, al instante, me duermo.

Sueño con una biblioteca y que yo soy un holograma dentro de ella. Ojeo libros que jamás había visto: "La serpiente risueña" o "El juego del Disluccia". Me llaman mucho la atención. Me parece que pasa una eternidad hasta que me encuentro con un nuevo libro que tiene la portada azul eléctrico de purpurina y oro: "Turarne Leica Sua".

De repente, me despierto en mi cuarto con el libro en la mano y veo que mi madre entra en la sala, con los ojos rojos de haber llorado mucho.

- Cariño...¿Dónde has estado?

- Eh...- Y me abraza.

- Lo recuerdo todo, pero mi vida se vuelve a tornar normal o eso creía, hasta que se da el caso en el que, al pasar al lado de una persona especial, vuelvo a entrar en aquel mundo con ella, aunque no me puede ver.

Un día me da por abrir el libro y veo que las páginas son polvo y que está vacío, menos la primera página: "Cuéntame tus aventuras".



Mª Ángeles Lara Consuegra 2º de E.S.O. B




jueves, 6 de diciembre de 2018

UNA NOCHE EN LA BIBLIOTECA


Todo empezó un día de invierno. Estábamos en el colegio mis amigos y yo. Jugábamos a hacer retos hasta que uno de ellos me cambiaría la vida para siempre.

Hola, me llamo Sandra y soy una aficionada a los retos; me encantan. Aunque, a veces, mis amigos me lo ponen bastante complicado y este fue uno de esos retos que te ponen la piel de gallina y que hacen que des un paso atrás. Pero a mí me dio igual y me enfrenté a ello de todas formas.

-¡Pues lo voy a hacer!-dije sin reparos.

-No serás capaz, es imposible pasar una noche sola y a oscuras en la biblioteca- dijeron dos de mis amigos.

Entonces sonó el timbre del recreo y todos teníamos que volver a clase. No me dio tiempo a decirles nada; lo único que les dije fue: "id preparándome las sábanas, que esta noche me quedo". Y no me dijeron nada más hasta que salimos de clase.

Cuando íbamos para nuestras casas, mi amiga, casi susurrando, me dijo: "¿De verdad te vas a quedar?". Y le contesté: "Sí, sí, de verdad." Hasta que llegó la noche.

-Ten cuidado, no te pueden descubrir- dijo mi amigo...

- Ya lo sé. Entraré por la ventana y, cuando llegue la mañana, saldré y la cerraré como si no hubiera pasado nada- y entré en la biblioteca- bueno, pues ya está, ¡hasta mañana!- les dije a mis amigos, que me esperaban en la puerta.

Pero pasó una cosa: no me imaginé que podía salir del infinito una tormenta de nieve que lo reventara todo si no cerraba la ventana. Pues pasó. Y, si no llega a ser por lo que contaré después, habría muerto; en todos los sentidos.

Yo cerré la ventana y pensé que podría salir por la puerta, cuando la abrieran, sin que nadie me descubriera.

Como no tenía sueño, me puse a investigar la biblioteca y, en uno de los pasillos, encontré una puerta. No la quise abrir así porque así y puse la oreja antes para escuchar si había alguien. No se oía nada y decidí entrar. Había una sala iluminada y miles y miles de libros que no tenían título. Cogí uno de ellos y lo abrí. Había algo escrito; era muy raro, ponía algo así:

                    "Sotneve sol ed sejanosrep

                      sol nárdias, ehcon am sim

                      atse, y ahl"

Como tengo la manía de leerlo todo en voz alta, lo leí. En ese mismo instante, salieron de los libros todos los personajes de los cuentos y se lió una de gente (y otros que no eran gente) que no cabía allí ni una mota de polvo. Entonces salí disparada fuera de la sala y los personajes se me quedaron mirando.

-¡No os voy a hacer nada, no me matéis!- dije con voz asustadiza.

-¿Y tú quién eres?- dijo el Capitán América- ¿Sabes que esto es secreto?- siguió diciéndome- No puedes estar aquí.

-¿Por qué?- le respondí.

-Todavía eres muy pequeña para entenderlo- me dijo. No te asustes de nosotros, porque no te vamos a hacer nada. Es solo que no puedes decirlo.

-Vaaale- asentí.

Y estuve hablando con ellos un buen rato sobre qué era todo eso y cómo habían llegado allí.

-Lo único que sé es que nos trajo un brujo- me dijo Harry Potter- pero no es de mi libro ni muchísimo menos.

-Y tu, chica, ¿cómo has llegado aquí?- preguntó Don Quijote.

-Pues mira- le respondí- estaba jugando con mis amigos a los retos y uno de ellos fue este, y me toco a mí.

-¿Te das cuenta de que hay una terrible tormenta fuera?- dijo Shrek.

-¡Estás encerrada!- dijo Spiderman.

-Todavía nos queda imaginación- dijo el Principito.

-Vas a acabar como yo- dijo con tono triste el niño con el pijama de rayas.

-No te preocupes, niñita. Yo te ayudaré a salir de aquí- dijo Tash con una sonrisa malévola.

-¡A luchaaar!- dijo el presidente Snow.

De repente, todos empezaron a pelear e intentar matarse. Hasta que Thor hizo caer su martillo suavemente al suelo. Entonces todos pararon. Y yo, mientras, aproveché para poner orden.

-A ver, somos muchos y nos tenemos que controlar. Me da exactamente igual si no salgo de aquí. Yo iré diciendo nombres y os juntaréis en grupitos.

-Los artistas, listos, filósofos en una esquina. Los que son más de acción y fantasía, en la otra esquina. Los dibujos animados en otra esquina diferente. Los de terror, misterio, suspense y policíacos, en la que queda. los de Literatura, quedaos en la mitad del medio. Y, a la otra mitad, que vayan los románticos. Si quedan otros diferentes, que se agrupen con el que crea que es más de su estilo- aclaré- ¡Y a dormir!

-¿Y tú dónde dormirás?- me preguntó el Principito.

-Si quieres, puedo dormir con tu grupo- le respondí.

-Vale, asintió con cara feliz.

Vaya nochecita pasé...

Y, cuando nadie se lo esperaba, se hizo de día.

-¿Ahora cómo salgo?- susurré. Pero Thor me oyó.

-Te puedo ayudar a salir de aquí- dijo Thor- puedo abrir un portal con mi martillo y teletransportarte fuera.

Yo asentí con felicidad, aunque estaba un poco dudosa de si saldría bien.

-¡Esperad todos! Me tengo que echar una foto con vosotros; tranquilos, no se la enseñaré a nadie- dije ansiosa.

Después de echarnos la foto, me despedí de ellos con nostalgia y me fui. Juré que no sería la última vez que volviera allí.

Cuando por fin me encontré con mis amigos, me preguntaron de todo, pero yo solo les dije que me dio sueño, me dormí y, cuando me desperté por la mañana, salí sin que nadie se diera cuenta.

                                           FIN

¡Que nooo! ¡Que es broma! ¿Cómo me voy a quedar una noche en la biblioteca? ¡Ay, qué risa!

Ahora sí que sí.  FIN



Sandra Muñoz Cobaleda, 1º de E.S.O. B